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Biografía de Yahya al-Muzaffar

Hacia 1000 - 1036

Rey de la taifa de Zaragoza. Hijo de Mundir I, Yahya fue el segundo soberano de la dinastía tuyibí que había establecido su padre en la Marca Superior de Al-Andalus en el año 1018 y le sucedió a su muerte hacia 1023, con el título honorífico de al-Muzaffar. Casó con una hermana del régulo de Toledo Abu Muhammad Ismail, de quien nacieron Mundir II, que le sucedió, Abdallah y Ahmed

Poco se conoce sobre el corto reinado de Yahaya. Por las monedas de su época se sabe que tomó el título de hayib y reconoció la soberanía del califa al-Qasim Ibn Hammud (1025), que se encontraba prisionero de su sobrino Yahya en Málaga; al año siguiente reconoció al genérico o califa de Bagdad, Abd Allah; gracias a las crónicas sabemos que también reconoció la soberanía del último califa de Córdoba, Hisham III. Las emisiones monetarias de la época de Yahya finalizan en el año 417 de la Hégira (entre 1026 y 1027) y las de sus sucesor, Mundir II no comienzan hasta 420/1029, probablemente el año en que fue designado heredero

Gracias a su matrimonio tuvo buenas relaciones con la taifa toledana; también supo mantener la amistad con Sulayman ibn Hud, que había sido comandante del ejército de Mundir y ejercía la gobernación de Tudela y Lleida y que tras la muerte de Mundir II se hizo con el poder en Zaragoza.

Por la crónica de Ibn Jaldun se conoce la noticia de que Yahya atacó las tierras de Sancho de Navarra para obtener botín y después se enfrentó con sus sucesores García de Pamplona y Ramiro de Aragón, que rechazaron sus ataques. Según el historiador Dozy, Yahya también sostuvo una guerra contra Ermesinda, viuda de Ramón Borrell III

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(Hacia 1050 - Valencia, 1092) Rey de las taifas de Toledo y Valencia. Hijo de Hisham, Yahya fue nieto de Yahya ibn Ismail al-Ma´mun de Toledo y le sucedió a su muerte en 1075, aunque existen indicios para pensar que Hisham murió unos pocos meses después que al-Ma´mun y Yahya sucedió realmente a su padre, no a su abuelo. Tomó el título de al-Qadir.

Durante unos meses fue su visir Ibn al-Hadidi, de gran importancia durante el reinado de su abuelo, pero al-Qadir lo mandó asesinar el 25 de agosto de 1075; este hecho provocó disensiones internas en Toledo, que se agravaron ante los constantes recortes de territorio que Toledo sufría por parte de las taifas de Sevilla y Zaragoza

En 1076 al-Muqtadir de Zaragoza se interesó por la conquista del reino de Valencia, cuyo soberano, Abú Bakr Muhammad Abd al-Aziz, reconocía la soberanía de al-Qadir. El régulo zaragozano pagó una suma de dinero a Alfonso VI para que éste le permitiese apoderarse de Valencia y en 1076 al-Muqtadir envió un ejército para la conquista de la ciudad; Abd al-Aziz evitó la entrada del ejército invasor reconociendo la soberanía de al-Muqtadir y sustrayéndose de la obediencia de al-Qadir. No obstante, Abd al-Aziz siguió mencionando a al-Qadir en las monedas valencianas hasta 1084.

Gracias a las alianzas de al-Ma´mun y de Alfonso VI de Castilla, al-Qadir heredó además el dominio de Córdoba, conquistada pocos meses antes de la muerte de al-Ma´mun. Conservó como visir a Hakam ibn Ukasa, señor de un castillo cercano a Córdoba, que había sido el principal artífice de la conquista de la ciudad. En 1078 Abul Qasim Muhammad al-Mu´tamid de Sevilla reconquistó la ciudad, expulsando de ella a al-Qadir y crucificando a Ibn Ukasa. El rey de Sevilla también arrebató territorios a la taifa de Toledo por el este y por el sur

En 1080 se produjo una revuelta en Toledo que terminó con el gobierno de al-Qadir. Éste huyó y pidió socorro al gobernador de Huete, que le negó su ayuda; finalmente fue acogido por el gobernador de Cuenca. Toledo quedó en manos de al-Mutawakkil de Badajoz, que entró en la ciudad en junio y permaneció en ella diez meses. En este tiempo al-Qadir llevó unas intensas negociaciones con Alfonso VI para que el castellano le ayudase a recuperar Toledo. Al-Mutawakkil abandonó Toledo en abril de 1081 e inmediatamente fue proclamado al-Qadir, que por la ayuda del rey castellano tuvo que entregarle las plazas de Zorita, Cantuarias y Canales.

Se mantuvo cuatro años en el poder, durante los cuales sufrió los ataques de Zaragoza y Sevilla, que le siguieron arrebatando territorios, y se vio acosado por sus súbditos. Consciente de la precariedad de su situación, negoció con Alfonso VI la entrega de Toledo a cambio del reino de Valencia y Alfonso accedió. En otoño de 1084 el rey castellano inició el asedio de Toledo, defendida por cuenta de sus propios habitantes, mientras que al-Qadir permanecía en el alcázar; en mayo de 1085 Alfonso logró la capitulación de la ciudad por medio de un compromiso de respetar vidas y haciendas de los que decidieran quedarse, así como sus mezquitas, promesa esta última que fue incumplida. Alfonso VI entró en Toledo el 25 de mayo de 1085. Al-Qadir, de momento, se retiró a Cuenca

A principios de junio del mismo año murió Abú Bakr Muhammad Abd al-Aziz y al-Qadir, seguro de obtener una buena acogida en la ciudad y apoyado por Alfonso VI y las milicias de Álvar Fáñez, tomó el camino de Valencia, donde llegó a principios de 1086. Los valencianos, que temían un ataque de Alfonso, unos se inclinaban por ofrecer el poder a al-Muqtadir de Zaragoza y otros a al-Qadir; depusieron a Utman, hijo y sucesor de Abd al-Aziz y proclamaron a al-Qadir en febrero. El nuevo rey nombró visir a Abú Isa ibn Lubbun, un piadoso alfaquí que conservó el poder por poco tiempo, ya que a finales de año se estableció de manera independiente en la fortaleza de Murviedro (Sagunto)

En la primavera de 1086 Ibn Maqur, señor de Játiva, negó el reconocimiento a al-Qadir, apoyándose en Mugdir de Tortosa, Lleida y Denia. Mugdir sitió Valencia aquel año, pero la llegada de los almorávides a la Península y su victoria en octubre en Sagrajas detuvo las hostilidades. En 1087 Mugdir volvió sobre Valencia, esta vez con apoyo catalán. Al-Qadir obtuvo la ayuda de Ahmed al-Mustasin de Zaragoza y la de Alfonso VI, que con el Cid llegó a dominar toda la región, sometiendo a parias a la ciudades, las más cuantiosas de las cuales recayeron sobre Valencia: al-Qadir pagaba al Cid 52.000 dinares, más 5200 para el obispo mozárabe de la ciudad.

De hecho el Cid gobernó sobre Valencia a través del visir Ibn Faray y las cotas de descontento hacia al-Qadir y su sometimiento a los cristianos crecieron entre sus habitantes. En 1092 se alzó con el poder en Valencia Ibn Yusuf al-Qadi, noble de rancia familia valenciana que escribió al caíd almorávide de Murcia ofreciéndole la ciudad, como medio de librarla de la dominación cristiana. Al-Qadir fue asesinado durante la revuelta que dio el poder a al-Qadi

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